Mi segunda lactancia

Fue sencilla, maravillosa, sobre ruedas… vamos, que estuvo “chupada” (nunca mejor dicho).

Con “Lanena” lo tuve mucho más fácil. Primero porque yo ya era toda una experta, segundo porque “Lanena” nació gordita y fuerte y se enganchó estando aún en el paritorio sin ningún problema, y tercero que al menos la familia y los amigos dejaron de intentar convencerme de las benevolencias del bibe…… que digo yo, que qué más les daría a ellos.

Lo importante es que yo ya había demostrado sobradamente que mis pechos podían criar a un niño, y oye, que a todo se acostumbra uno, y yo ya los tenía más que acostumbrados a dar la teta dónde el retoño me la pidiera, así que me dejaron en paz.

Ni alergias, ni malas noches, ni dudas de si chupaba bien o no, nada de nada. Si me tengo que quejar de algo sería de los pellizquitos y pataditas que me pegaba mientras mamaba y de las 6 horas que me tenía esperando sentada en el borde de la cama con los pechos a reventar, mirándola dormir plácidamente,  a ver si se despertaba y me aliviaba un poco…

Recuerdo que incluso la llevé al pediatra y le pregunté: -¿es normal que con 7 días duerma 6 horas seguidas por la noche? Yo nunca había visto nada igual… no en niños de teta-, pero el médico sonriendo de oreja a oreja me dijo que haberlos haylos… como las meigas.

Así que le dí la orden mental a mis pechos de que dejaran de producir leche por la noche (no es broma… el subconsciente ayuda mucho en la producción) y por supuesto también ayudó que “Lanena” no estimulaba el pecho de noche. Así que en pocos días ya estábamos las dos durmiendo como lirones desde las 12 de la noche, hasta las 6 de la mañana del día siguiente. Para mí, que con “Elnene” nos despertábamos cada 2 horitas, fue toda una experiencia religiosa.

Y así transcurrieron los días, las semanas y los meses, hasta que un día al acostarme junto a “Lanena” en su cama y ofrecerle el pecho para darle la única toma  que hacía cada día antes de dormir me soltó con su vocecita: -Mami, no quiero teta ¡que yo ya soy mayor!- Me quedé unos segundos sin saber que decir, y al fin reaccioné y aguantando la lagrimilla le pregunté: -¿quieres un vaso de leche?- y me contestó que sí. Así que nos levantamos y nos fuimos juntas a la cocina, la miré y me dí cuenta que con sus 2 añitos y 9 meses ella se sentía muy orgullosa de ser mayor.

Yo también estaba muy orgullosa de mi niña, pero a la vez, me sentía triste porque el paso del tiempo me había robado a mi bebé.

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4 pensamientos en “Mi segunda lactancia

  1. Precioso tu relato!! casi se me saltan también a mí las lágrimas porque, aunque sea una tontería, a medida que los hijos van superando etapas supongo que una se debe sentir cada vez más lejos de aquel bebito que tanto dependía de nosotras… Como de costumbre ¡me das envidia! (de la sana, claro)

    • Me alegra que te haya gustado! Sabes no tienes porque sentirte lejos de ellos si te vas adaptando a las diferentes etapas de tu hijo. No pretendo dar envidia, pero vamos lo entiendo… porque lo de mi niña fue como ganar la loteria: anda que vacilé poco de ella jijiji!!

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