Los niños “difíciles” (o la diferencia entre una etiqueta y un diagnóstico)

lmites-a-los-niosSi algo me desagrada en esta vida es etiquetar a las personas… simplemente porque luego esas etiquetas te las tienes que tragar y creedme si os digo que te sientes como una boa constrictor intentando digerir un elefante.

dibujo boa -El Principito-Dibujo boa -El Principito-

Por eso  lo que os quiero contar hoy, es que hay una gran cantidad de mamás (y también papás) que etiquetan a sus niños de “difíciles”. Algunas simplemente se agobian con el estrés normal de criar a un bebé (que una vida dependa de ti, puede llegar a ser muy estresante), pero no sé muy bien por qué, trasladan su problema que no es ni más ni menos que su propia inseguridad, a sus retoños, dando todo tipo de explicaciones a quién las quiera escuchar: es que no duerme, es que no come, es que no habla, es que no anda, es que no para de llorar… –bufff!! ¡Qué niño más difícil me ha tocado!-exclaman desesperadas.

Evidentemente, todo sería mucho más fácil si el bebé lo hiciera todo sólito y cuánto antes mejor, librarnos de esa responsabilidad que tanto nos pesa y que tan expuestas deja nuestras carencias, como por ejemplo: que no creemos en el poder de nuestro instinto maternal o que estemos desinformadas.

A este grupo de mamás, a las que comprendo perfectamente ya que yo estuve a punto de cruzar la línea y etiquetar a Mi Principito, les recomendaría no crearse expectativas de que los niños tienen que hacer X cosas solitos a los X meses o años. Cada niño lleva un desarrollo propio e individual, que no tiene que coincidir con lo que dice el libro tal o cual o con lo que ya sabe hacer solito el hijo de la vecina. Liberarse de esta carga, ayuda a vivir la maternidad de una forma diferente, respetando y disfrutando de cada etapa de tu hijo, sin meterles prisa por crecer y madurar.

A mí me ayudó y me ayuda mucho  pensar: -Si hace o no hace tal cosa, por algo será…-

Qué reclama brazos: ¡por algo será!, que aún no anda: ¡por algo será!, que no quiere comer papillas: ¡sus razones tendrá!, que aún no habla: ¡por algo será!, que llora mucho: ¡lógico, si aún no sabe hablar!

Seguro que ahora mismo hay alguna mamá indignada pensando: -¡si claro, pero es que tú no sabes como es mi hijo!, tú lo ves muy fácil y bonito…-

Bueno esta claro que no, no sé cómo es tu hijo, pero sé como son otros niños muy cercanos a mi y he visto a sus madres llorar al ver como la cuna no para de moverse cómo si fuera un portelgeis ya que su bebé no para quieto ni durmiendo, y llorar al ver que sus bebés no soportan que nadie excepto su madre los toque, y llorar cuándo los llevan al parque y entran en pánico al verse rodeados de otros niños, y llorar cuándo sus bebés son obsesivos y maniáticos hasta el punto de tener todos los juguetitos ordenados y en fila o todos las puertas cerradas o no soportar los ruidos fuertes o mancharse las manitas, y llorar cuándo les dicen (incluso el propio padre) que sus hijos son malos, difíciles, que no hay quien los aguante, que no lo entiende nadie más que su mamá.

Y así van creciendo, pero al llegar al cole  es cuando empieza lo peor: Las mamás tienen quejas de los tutores a diario porque el concepto de hacer amigos de sus hijos es obligar a los otros niños a que le aten los cordones del zapato y el de gastar bromas pegarles mocos a los demás niños, y también hacen cosas tiernas (pero raras), cómo dar besos a diestro y siniestro (imaginad la reacción del resto de chicos de la clase de 8 años) o dar abrazos hasta dejarte sin respiración.

Resultado: los chicos se burlan de ellos, a veces les pegan, lo apartan del grupo, ya que nadie quiere estar con el rarito… ¿y que hacen sus mamás? hincharse a llorar…

Y cuándo ya están hartas de llorar, buscan ayuda profesional, y empieza el peregrinaje por un sinfín de pediatras, psicólogos, psiquiatras para escuchar tonterías del tipo: -¡pero mujer! ¡Si a este niño no le pasa nada! Sólo que es muy suyo- les dicen también: -este niño tiene falta de vitaminas- y les dan una receta, y así uno tras otro y el papá otra vez metiendo baza: -¿a ver si va a ser que la que está loca eres tu?-les dicen.

Ellas saben que no, la intuición palpita fuerte en estos casos, aunque todo el mundo  les niege que al niño le pasa algo, ellas ven que sus niños “difíciles” conforme van creciendo cada vez están más tristes y enfadados con el mundo, y eso digo yo, que será por algo: ¿será porque nadie les entiende?

Por fortuna, he visto a estas mamás y sus hijos volver a sonreír al encontrar por fin a un profesional ducho en las siglas, sí has leído bien, las siglas: TDA, TGD, TDAH, etc., etc.

Estas siglas confieren un diagnóstico y el niño “difícil” deja de serlo para pasar a ser un niño diagnosticado con algunas de estas siglas, que con una intervención adecuada por parte de familia, profesores y psiquiatra, pueden volver a ser felices, sentirse entendidos y queridos y cómo no respetados. Sólo en los peores casos, como por ejemplo agresividad extrema o insomnio, necesitan medicación, por eso, creo que hay que desterrar ese mito de que los psiquiatras recurren a lo más mínimo a ella porque no es cierto, a estos niños se les suele enseñar habilidades sociales y se les proporciona a ellos y a sus familias herramientas para sobrellevar y entender esas manías que antes les arruinaban la existencia.

Ante todo esto que os cuento, mi conclusión no puede ser otra:

“ETIQUETA” mierda

~~~~

“DIAGNOSTICO”niño feliz

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6 pensamientos en “Los niños “difíciles” (o la diferencia entre una etiqueta y un diagnóstico)

  1. Como siempre, MAGISTRAL!
    El otro día me preguntó una mamá ¿y tu niño es bueno? me quedé mirándola pensativa y le respondí ¿cómo podría un bebé ser “malo”? Es cierto que nos encanta etiquetarlo todo sin caer en la cuenta de que esos pequeñines se creen las etiquetas que les ponemos y ese es el auténtico peligro porque resulta que para ellos sus papás son todo el Dios que adoran, por tanto si les tachamos de malos, trastos, folloneros o vagos, indudablemente será así como se vean y por tanto su comportamiento irá acorde con el sambenito que les hayamos colgado. Ya sé que tu artículo va enfocado en otro sentido, pero al hablar de etiquetas no me he podido resistir a comentar esto.
    Al final voy a llamarte “la mujer Valium”, porque es leerte y relajarme jaja!

  2. Dichosas etiquetas… que cosas tan feas se oyen de madres, padres, abuel@s,… sabemos que en realidad no piensan que su hij@ sea cosas como “folloner@” o “insoportable” (por ejemplo, cuando están molestos porque tienen sueño), pero él o ella no lo saben y esas cosas les duelen. Midamos nuestras palabras por favor!!

  3. Como madre me niego a ponerle etiquetas a mi hija o que alguien insinúe ponérselas. Pero también sé que no voy a estar a su lado siempre para protegerla así que mi intención es enseñarle desde chiquita a que nadie le diga cómo es, sino que ella aprenda a escucharse a sí misma. Eso no lo enseñan en ninguna escuela y a veces, tampoco en las familias.
    Me gustó mucho el artículo. Está muy bien explicado las consecuencias de etiquetar a los chicos. (valga decir que las etiquetas no son más que juicios que los adultos necesitan hacer sobre los demás. Una pena.)

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